Si Antoñete estuviera en el jurado…
Los carteles de la Copa Chenel tienen a veces bastante más interés que algunos de ferias de postín, verdaderamente insoportables por reiterativos en su conjunto, y ausentes de nivel artístico en no pocos casos. Hoy era un buen día para comprobarlo, pues en la madrileña localidad de Valdilecha se anunciaban Alejandro Marcos, Jorge Isiegas y Fabio Jiménez.
Por Álvaro Acevedo / Foto: Copa Chenel
La idea de este certamen es magnífica, pero sus responsables deberían tener en cuenta siempre el colosal torero que da nombre al mismo. O sea, Antoñete. En su honor, todo ha de ser por tanto escrupuloso, y ello empieza por la selección de las ganaderías en general, y de la elección de los toros en particular.
Porque, ya que se anuncia una divisa que apenas lidia corridas a pie, Sao Torcato, qué menos que escoger tres toros impecables en vez de la escandalosa escalera que se trajeron: el primero parecía un buey y el último, una vaca vieja. Mucho mejor presentados por supuesto los de Buenavista, que sustituyeron a los anunciados inicialmente de Las Monjas (que no vinieron nadie sabe por qué extraña razón); y luego a los de El Retamar, que tampoco finalmente se embarcaron, también vaya usted a saber por qué. Muy bien comidos los de Clotilde Calvo, uno era bonito de estampa aunque basto; el cuarto, precioso de hechuras; y el quinto, demasiado grandón pero descubierto.
Gracias a la televisión, pude volver a encontrarme con Alejandro Marcos, uno de los toreros buenos que este vil negocio tiene proscritos. Muy por encima del bisonte de Sao Torcato, elaboró una faena de clase, soltura, buen gusto y torería con el noble y fijo toro de Buenavista que lidió en cuarto lugar. Sorprendentemente seguro dado lo poco que torea, causó una impresión magnífica que no refrendó con los aceros, pese a lo cual cortó una oreja que casi le garantiza el pase a la siguiente ronda.
Porque el otro triunfador, Jorge Isiegas, dejó menos huella. No es quitarle méritos al diestro aragonés, muy resolutivo y voluntarioso pese a su escasez de contratos, pero en su aplaudida y comunicativa faena al excelente quinto de Buenavista, que tuvo fases muy logradas, no apuntó esa calidad que sí se apreció en sus compañeros, y que en cualquier caso tanto escasea en el escalafón. Muy apoyado por sus partidarios y efectivo con la espada, empató con Alejandro Marcos a trofeos, pero no a todo lo demás.
De haber entrado la espada Fabio Jiménez tendría su clasificación asegurada, que es de lo que se trata en este tipo de competiciones taurinas con tintes deportivos. De lo que se trata a corto plazo, quiero decir. A medio, si a este riojano le dan un poco de cuartel, puede romper en un torero fuera de lo común. El recital de colocación, aplomo, clasicismo y cadencia que dio en sus dos toros, el bruto de Buenavista y el noble ejemplar de Sao Torcato, está al alcance de muy pocos toreros y mucho menos de tan reciente alternativa. Como la espada que usa debe ser de madera o algo así, su excepcional concepto del toreo no será suficiente para pasar de ronda, pero tengan por seguro que si Antoñete estuviera en el jurado, este torero de La Rioja seguiría en la Chenel.